Mar 10 | juan hernández. A sus 120 años de creación la Biblioteca Nacional nos honró con una conferencia dictada por el Dr. Stephan Füssel sobre el coterráneo suyo Johannes Gutenberg (1390-id., 1468). Hombre que inventó la imprenta de caracteres móviles de metal y democratizó la palabra impresa. Bajo el tÃtulo ‘‘Gutenberg y el impacto de la imprenta'', Füssel nos acercó a la mayor invención del ser humano y por rebote, la democratización del saber: la letra impresa. Aunque en su momento fue para unos pocos, hoy cualquier persona puede leer prácticamente lo que sea sin tener idea de dónde su génesis.
El Dr. Füssel aparte de recorrer la historia de la letra impresa, supo acércanos a un futuro no muy lejano y de un relativo alcance para todo aquél que pueda ingresar al Internet, lugar donde actualmente reside la mayor base de datos conocida (las mayores bibliotecas del mundo albergan su bibliografÃa allÃ). Como una pelÃcula del género cyberpunk, Füssel nos adentró al mundo de la tecnologÃa por medio de la creación del papel electrónico, una alternativa seria al posible fin del libro de papel.
Â
Papel electrónico: ¿un avance cultural?
Para almacenar un escrito de unos 200.000 caracteres se ocupan cerca de 40 hojas, pero ¿se podrÃa imaginar albergar una bibliografÃa de más de un millón tÃtulos (billones de caracteres) en una sola hoja de papel? Claro que no estamos hablando de una hoja simple, sino de una hoja de papel electrónico que el Instituto de TecnologÃa de Massachusetts (MIT) junto al Dr. Joseph M. Jacobson se encuentran mejorando. Los retos del Dr. Jacobson (fÃsico y profesor del MIT) se basan no sólo en ‘‘desarrollar una superficie de impresión sobre la cual se pueda imprimir indefinidamente'' -dijo Füssel- sino que ‘‘al mismo tiempo, tenga las cualidades táctiles y estéticas de una hoja de papel tradicional''. Pero no sólo eso, sino que la misma hoja de papel pueda usarse para ‘‘leer el periódico en las mañanas, documentos varios durante el dÃa y una novela por la noche''. El desarrollo del papel electrónico va acompañado con una tinta electrónica que facilite una mayor resolución (mayor número de pÃxeles). Pero además del reto tecnológico, se enfrentan al reto de aceptación social.
En Europa, por ejemplo, cerca del 84% de los hogares tienen acceso a Internet, por lo que la asimilación al papel electrónico no serÃa mayor problema, pero en América Latina, los retos serÃan aún mayores. Imaginemos Costa Rica donde los libros están casi destinados a ser objeto o exclusivo u obligatorio (textos escolares). Ante ello bien pueden hablar los libreros de libros leÃdos, los únicos agentes culturales que se encargan de reinsertar nuevamente los libros en la sociedad y evitan que sean parte de una enorme fila para hacer papel higiénico. AsÃ, los retos culturales que enfrentamos más que de forma son de fondo. La asimilación de un invento como el papel electrónico no debe ser objeto de felicidad cuando es más el progreso tecnológico que el cultural, sino de nada sirve tener ese maravilloso invento cuando no se han apreciado verdaderamente los libros de papel que nos preceden. AsÃ, la conferencia del Dr. Füssel y más especÃficamente su paroxismo a ‘‘las maravillas del papel electrónico'', podrÃan darnos un ápice de luz para ver primero ‘‘las maravillas del papel impreso'', cosa que no estarÃa de más.
Â
El ejercicio del saber: del leer al pensar
El debate central sobre ‘‘el fin de la era Gutenberg'' y la nueva era tecnológica o el ciclo del pensamiento moderno no se han cerrado. La letra impresa históricamente ha corrido riesgos cuando grupos de poder se han encargado de monopolizar su distribución o su juicio de edición. La letra impresa ha sobrevivido a ello, pero lo mismo no indica que los libros hayan sobrevivido, miles se (los) han perdido en la historia. La letra digital como el Internet revolucionaron y democratizaron ello, hoy nadie se puede quejar ni de información o edición propias. Pero el debate real sobre el fin del libro tal como lo conocemos hasta hoy, reside en un pequeño grupo de lectores y no en una nación entera.
Mientras no se valore realmente el impacto de la imprenta o el impacto de la lectura en la sociedad, de nada sirve apreciar un avance tecnológico sino tenemos pleno uso racional de éste. Bien, un pueblo culto podrÃa frenar la barbarie social que nos acontece, bien podrÃa hacer salir del subdesarrollo a una nación, bien podrÃa buscar el perfeccionamiento constante por medio de los ideales y crear en el aquà y el ahora ese mejor ser humano hacia una sociedad casi utópica. La cultura de leer no deberÃa radicar en la obligatoriedad de las instituciones gubernamentales, sino en la aceptación social como tal, ante ello, se podrÃa reelaborar una propuesta que no sólo brinde los mecanismos económicos para adquirir buenos libros, sino una capacidad crÃtica para repensar la sociedad, y me parece que ello sólo puede venir del entorno cercano del individuo o la necesidad como tal de éste, porque de los cÃrculos de poder poco podemos esperar. Solamente la lectura constante y la visión crÃtica del desarrollo social pueden garantizar la supervivencia de la raza humana, ese saber reside hoy por hoy en nuestras bibliotecas, nuestros máximos centros del saber.
Si Manuel Obregón dijo que ‘‘los termómetros para medir la cultura de un pueblo son sus bibliotecas'', seamos pues los enfermos que deban acudir a esos bellos centros para curar las enfermedades sociales que nos ocurren.
Â
Fuente:
Juan Hernández
Pregonero

Para crear un enlace hacia este artículo,
copie y pegue el texto abajo en su sitio web.
Vista previa:
Mar 10 | juan hernández. A sus 120 años de creación la Biblioteca Nacional nos honró con una conferencia dictada por el Dr. Stephan Füssel sobre el coterráneo suyo Johannes Gutenberg...










