Dic 02 | jorge arias. Es un hecho que la arrogancia de los gobernantes se manifiesta públicamente en la misma proporción en que los gobernados callamos pasivamente ante la desnuda exposición de la misma.
La necesidad de reformar nuestra constitución polÃtica ha sido planteada desde hace varias décadas, tanto por parte de polÃticos destacados, como por académicos del primer orden.
Que el Sr. Rodrigo Arias (y con él el Presidente mismo) venga ahora a manifestar haber estado pensando mucho al respecto y hasta haber analizado el asunto con sus allegados (adláteres, acólitos y secuaces) no solo no impresiona a nadie ni es causa alguna de admiración sino, por el contrario, anticipa una preocupación ciudadana adicional ante la eventualidad de que tal proyecto constituya en el fondo la búsqueda de un nuevo marco jurÃdico estatal que perpetúe y garantice a través de una nueva Carta Magna los intereses de las clases económicas y polÃticas que abiertamente componen el grupo oligárquico que hoy nos gobierna.
Hay que reconocer la habilidad y astucia con la que los hermanos Arias nos has hecho retroceder de forma paulatina, sistemática (y en ocasiones solapada) al estado de cosas que en materia polÃtica tuvimos como paÃs en los albores de la revolución del 48, cuando eran los grupos oligárquicos (cafetaleros en aquel entonces) quienes determinaban las reglas del juego polÃtico y económico de nuestra otrora empobrecida nación.
No solo no les ha bastado haber acabado de un plumazo con la mayorÃa de las conquistas y logros con los que culminó el proceso revolucionario del 48 (cuyos gloriosos alcances muchos de nosotros vivimos y palpamos) sino que ahora nos anticipan riesgos adicionales en su proyecto de redacción de una nueva carta constitutiva: leyes acomodadas a su medida y la búsqueda del fortalecimiento en las atribuciones de un poder ejecutivo (a expensas del legislativo y judicial) que muy probablemente buscarán volver a ocupar o (en su defecto) hacer ocupar a sus allegados y compinches.
La bondad de fondo en la iniciativa de un proyecto polÃtico está en función de la medida de bondad y solidaridad de sus proponentes, y en vista de que las "bondades" de esta administración puede cuantificarse por los beneficios que incansable e insaciablemente ha procurado para el selecto y reducido grupo plutocrático del cual forman parte, cabe preguntarse ¿qué de bondadoso, solidario, social progresista y ecológico puede estar buscando y procurando esta administración en la gestación de una nueva Carta Magna? ¿A quién pretenden engañar? ¿Creen en verdad que el pueblo puede ser tan ingenuo?
Poco falta para que estos señores se auto-proclamen estadistas y próceres, por lo menos a vista de todos hoy Don Rodrigo pareciera pregonarse la "conciencia lúcida del pueblo".
Proviniendo la iniciativa de los hermanos Arias y de su grupo de allegados la mejor respuesta a este nuevo proyecto es: ¡no, por ahora mejor no, gracias pero no!, la Patria demandarÃa antes de frutos de arrepentimiento de su parte.
Ustedes han predicado una cosa y han hecho otra, han demandado y han seducido, engañando a pobres a ignorantes y a sencillos que depositaron en ustedes su esperanzas y anhelos de desarrollo social, económico y humano. Ustedes han contribuido a la desaparición del "ser costarricense" y a la perpetuación de una subcultura de consumismo y molicie, no nos vengan ahora con prédicas de requerimientos constitucionales. ¡Fariseos e hipócritas que saben muy bien lo que han hecho para su beneficio a costa de nuestra idiosincrasia, de nuestras conquistas sociales y de nuestros recursos naturales! ¡Mentirosos, que han maquinado las jugosas ganancias de su mezquina elite con maldad y alevosÃa a costa del noble pueblo costarricense! ¡Que algún dÃa Dios y esta Patria a la que tanto daño ustedes han hecho asà se los demande!
Por lo pronto un NO rotundo y definitivo a esta nueva iniciativa de la administración Arias.
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Fuente:
Jorge Arias
Comentario

escrito por Irene Interra, December 02, 2008
escrito por Elizabeth RodrÃguez, December 02, 2008
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