Ene 28 | ottón solÃs. Tuve el privilegio de asistir a la toma de posesión de Barack Obama, acompañado por mi esposa Shirley Sánchez y el Jefe de Fracción del PAC diputado Francisco Molina. La invitación del Comité Organizador de la Ceremonia me permitió vivir intensamente un gran momento en la historia. Estuve cerca fÃsicamente (a pocos metros del podio presidencial, entre personalidades de la polÃtica, la cultura, los negocios y el entretenimiento de Estados Unidos) y me sentà cerca conceptual y éticamente.
Llegamos varias horas antes de los actos de traspaso de poderes, tiempo en el que participamos en conversaciones con otros asistentes sobre las razones para estar ahà y el significado de lo que estábamos viviendo. Me presenté enfatizando mi nacionalidad costarricense y una vez más pude constatar la deferencia que se confiere a quienes nacimos en esta bendita tierra.
El ambiente mezcló lo festivo con lo solemne, lo emocional con lo intelectual, el pasado con el futuro. A lo largo de las horas frecuentemente hubo abrazos efusivos totalmente espontáneos, hurras repentinas a Obama, lágrimas de felicidad y reflexiones sobre las nuevas posibilidades. Todos coincidimos en que Obama mismo era un mensaje contra cualquier tipo de discriminaciones: por género, por color de piel, por clase social, por orientación sexual, por religión, por cultura, por nacionalidad o por historia. También conversamos sobre sus conceptos en relación con el ambiente, el patriotismo, la participación ciudadana, la transparencia y la vocación de servicio que debe caracterizar a los gobernantes, con la justicia social, el respeto a otras naciones y sobre su compromiso con la diplomacia.
A mi memoria recurrÃa Imagine, el "himno" de Lennon al amor y a la paz. En los segundos de su juramentación un silencio expectante se apoderó del auditorio. Muchos en oración pedimos para que el nuevo Presidente se deje guiar por Dios y para que Dios escuche sus peticiones. Su discurso no será al que acudan quienes se especializan en reiterar citas sobresalientes, pero si el que estudiarán los que deseamos un cambio en el mundo hacia más justicia, más inclusividad, más honestidad, más valores, menos cinismo, menos dogmatismo y más paz.
Comenzó diciendo que se presentaba con humildad y agradecido, consciente de lo que sus ancestros habÃan hecho por Estados Unidos. Luego habló sobre la necesidad de unirse, de eliminar el conflicto, la polarización y los dogmas. Afirmó que lo importante no es el tamaño del Estado sino si funciona o no funciona. También fue contundente en establecer que las fuerzas del mercado deben regularse y controlarse y que "una nación no se enriquecerá cuando favorece sólo a los ricos". Agregó que el "éxito económico... no depende únicamente del tamaño del producto interno bruto, sino de a cuantos beneficia la prosperidad; de la posibilidad de brindar oportunidades a todo persona dispuesta".
Haciendo una reverencia inspiradora a la supremacÃa de los valores y una descalificación mayúscula al maquiavelismo, enfatizó que no hay contradicción entre logros y fidelidad a los ideales y que no los sacrificarÃa en aras de la conveniencia o la oportunidad. Recordó que en grandes victorias de la humanidad las convicciones y la fuerza del ejemplo han jugado un papel central.
Afirmó que los valores de los que el éxito nacional depende son el trabajo duro, la honestidad, el coraje, la tolerancia, la curiosidad cientÃfica, el juego limpio, la lealtad y el patriotismo. Con claridad meridiana habló sobre los deberes ciudadanos: "Lo que se requiere ahora es una nueva era de responsabilidad...un reconocimiento de cada uno de que tenemos deberes con nosotros mismos, con el paÃs y con el mundo...Este es el precio y la promesa de ser ciudadano o ciudadana".
En el frÃo de Washington ese 20 de enero -tanto por la recesión económica como por los -3 grados centÃgrados de temperatura- las palabras de Obama calentaron el espÃritu de quienes le escuchamos. ParecÃa que el sentido común y la sabidurÃa habÃan tomado la capital norteamericana. Entendemos la enorme influencia que en el pensamiento de muchos polÃticos y analistas ejerce Washington. Por ello sentimos regocijo cuando el nuevo Presidente dice, lo que en nuestra narrativa serÃa que lo importante es la productividad del estado y no su tamaño, que debemos superar la polarización y los dogmas, que debemos ser patriotas, que las fuerzas del mercado no deben dejarse a la libre, que no hay desarrollo si no es para todos, que debemos brindar acceso universal a las cañas de pescar, que los ciudadanos deben tener mÃstica y ser conscientes de sus responsabilidades, que el ejemplo es una fuerza transformadora y que los valores y principios deben estar por encima de todo.
Regreso a Costa Rica convencido de las enormes oportunidades que se nos presentan ante la llegada de un nuevo paradigma a Washington. Creo que hoy Obama es el nombre de la esperanza y que depende de nosotros convertirla en realidad. Pero nada va a ocurrir si esperamos pasivamente. Todo es posible si fortalecidos en los altos ideales que adornan la historia de nuestro paÃs recuperamos la confianza y la equidad en nuestras relaciones con Estados Unidos. Costa Rica ha acumulado prestigio y credibilidad a lo largo de su historia y si nos abocamos a exportar dignidad pronto estaremos importando respeto y si tomamos la palabra de Obama pronto tendremos relaciones económicas basadas en la justicia y beneficiosas para nuestro desarrollo integral.
Documento adjunto:
Presentación ilustrativa de celebración de investidura del presidente Barack Obama
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Fuente:
Ottón SolÃs Fallas
Economista, Ex-candidato presidencial

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