Ayer las fuerzas de un mal llamado "orden público", irrumpieron en la UCR, violentando a estudiantes y funcionarios.
Tal intervención, me hizo pensar en la llamada "confianza ciega en la autoridad", que se expresa, cuando por ejemplo, acciones violentas de instituciones u organizaciones -como el OIJ y la PolicÃa-, terminan siendo legitimadas -sin controversia- por los ciudadanos y otros actores, como los medios y algunos polÃticos.
Además de la confianza ciega, otra cuestión importante que al parecer se está viviendo Costa Rica es, "la promoción del control y la represión", a través de la asignación de altos niveles de credibilidad y responsabilidad a organizaciones de corte penal (la policÃa y el poder judicial), con fin el de asegurar ciegamente y a toda costa la nación o la población.
Asimismo, en este tipo de escenarios, se aboga por polÃticas de mano dura (más policÃas, más penas, más cárceles, más patrullas, más armas, más rudeza) y de "cero tolerancia", que muchas veces no toman en cuenta las libertades y las garantÃas de los ciudadanos.
Siguiendo esas polÃticas, y con el fin de comprender el hecho de ayer, se puede pensar que las fuerzas policiales al mismo tiempo privilegian un punto de vista del amigo-enemigo, donde cualquier sujeto o persona que se enfrente al "orden", es un criminal en potencia; por ello la violencia no es un recurso último, sino el más privilegiado, debido al potencial "maligno" del otro.
Siguiendo lo anterior, es comprensible que las fuerzas policiacas de forma arbitraria, irrespeten los derechos de los ciudadanos, lesionándoles su integridad fÃsica; integridad que más bien deberÃan defender. Tal comportamiento parece irracional, pero responde al hecho de una "creencia policial" basada en que todos somos enemigos, y que ante cualquier falta se debe tener "cero tolerancia".
AsÃ, por ejemplo, un simple arresto por un hecho de corrupción, se convierte en lo que parecÃa la búsqueda de un criminal violento, o algún caso de extrema seriedad; una misión que cumplirán a toda costa y sin vacilaciones, pasando por encima de todo (estudiantes, funcionarios, seguridad universitaria, etc.).
En fin, el uso de la violencia y la fuerza no tiene justificación alguna dentro de un recinto universitario, y no es posible que los estudiantes sean atropellados de tal manera, con tal cinismo, por unos gendarmes agresivos.
La fuerza deberÃa ser la última medida, nunca la primera forma de actuar. Si esto no sucede, estaremos encaminados a un estado policiaco, donde la pena y la violencia se imponen al derecho y a la vida.
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Julio SolÃs M
Sociólogo
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