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Etica Individual y Organizacional. Refelxiones en un momento de cambio de Gobierno

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11 mayo / Alfonso J. Palacios Echeverría

Cualquier consideración acerca del comportamiento ético organizacional y de los individuos que integran las organizaciones (hacemos la distinción entre el comportamiento ético organizacional, como propio de la organización como sistema vivo y actuante dentro del contexto, del comportamiento ético individual de aquellos que componen la organización, sea cual sea su nivel y su rol dentro de ella) debe pasar en primer lugar por el análisis de las realidades externas a la organización que influyen sobre sus componentes.

Estas realidades, compuestas por elementos socio-culturales, influyen poderosamente sobre el comportamiento de los individuos que interactúan dentro de ellas, así como también sobre el "comportamiento organizacional", considerado éste como la interrelación de la organización con el contexto exterior. Ya que sabemos que las organizaciones no viven en un vacío social, por el contrario, en su carácter de sistemas abiertos, dependen estrechamente de otros sistemas sociales en situación de supra-sistemas o subsistemas. El eslabonamiento o integración intersistémica afecta el modo de operación y el nivel de actividad de los componentes del todo.

Las influencias externas en manera alguna agotan las "variables de análisis", pero pueden servir para el inicio de la comprensión del fenómeno de la pérdida de los valores éticos en el comportamiento de las organizaciones y de los individuos.

Tenemos como primera variable la autodeterminación narcisista. Hemos vivido inmersos dentro de una cultura de autodeterminación narcisista que ha impactado la esfera de lo moral y, contrariamente a lo que la mayoría piensa, su resultado no ha sido el "todo está permitido" (de un egoísmo brutal), sino la de una variante más sutil: una moral sin obligación ni sanción.

No hace mucho tiempo andaba todo el mundo electrizado con la idea de la liberación individual y colectiva, mientras que la moral era asimilada al fariseísmo y la represión burguesa. Ahora resulta que por todas partes se nos asalta con imperativos éticos: lucha contra la corrupción, protección del medio ambiente, normas deontológicas, acciones humanitarias, códigos de lenguaje no discriminatorio, llamamientos a la responsabilidad, ética empresarial..... Y esta efervescencia ética es tan plural que incluso permite una reposición de antiguos deberes, pues ya no es obligatorio estar "liberado". Cualquiera tiene algo que conservar y ya no hay que avergonzarse de ello.

Lo que ha desaparecido irremediablemente es la noción de deber absoluto y toda la retórica sentenciosa que lo cortejaba. Ya nadie quiere cambiar el fondo de las cosas pero casi todo el mundo está dispuesto a cambiar la superficie. El escepticismo global y el activismo ocasional no son incompatibles en la actualidad, a diferencia de otras épocas en que había proyectos revolucionarios y la compasión era considerada una actitud indigna.

Otra de ellas es la desafección hacia las vastas odiseas ideológico-políticas. En el mundo contemporáneo conviven la desafección hacia las vastas odiseas ideológico-políticas y el deseo creciente de compromisos libres, puntuales. Vivimos una era pos-moralista que no es moralista ni gazmoña, sino "correcta".

La nueva moral es, fundamentalmente, una ocupación privada y justificada desde el momento que no hay causas públicas que exijan el holocausto personal. Se trata de una cosmética que, consciente de lo inalterable que es la realidad, al menos hace más grata su presentación externa. En lugar del conglomerado de relaciones y dependencias propio de las sociedades tradicionales o revolucionarias, lo que ahora tenemos es una yuxtaposición de individuos soberanos ocupados con la gestión de su calidad de vida.

Finalmente de lo que se trata es de no depender de otro. Así se constituye un ethos de la autosuficiencia y de la autoprotección, propio de una época en la que "el otro" no es más que un peligro o una molestia y no un poder de atracción.

Por ello es que el preservativo tiene un carácter emblemático trascendental. Es el envoltorio con el que se protege un individuo que no quiere implicarse en nada pero que desea relacionarse con todo; es el distintivo de una cultura que, bajo la capa de una simpatía universal, esconde una sensación de incómodo ante la presencia amenazante de los demás. Por supuesto que nadie lo formularía con esta crudeza, pero ésa es la imagen que se alberga en nuestro subconsciente tras el bombardeo de la propaganda contra el tabaco o contra el SIDA. Homo homini virus. ¿Qué es el prójimo? Un ser que fuma y es contagioso. ¿Qué es la sociedad? Un sistema de compartimentos estancos.

Estamos pues ante una ética de triunfadores inocentes, de buena conciencia, que se conmueven fácilmente ante la desgracia ajena pero que no dramatizan las cosas excesivamente, que no imponen nada a nadie, que sólo desprecian la intolerancia, que llevan una vida sana y se mantienen en forma, que se manejan bien en la vida, que son autosuficientes, que sólo beben los fines de semana... No sirve, en cambio, a los marginados, los débiles, los gordos, los deprimidos, los subnormales, los lentos, los emigrantes, los presos, los que no hacen su declaración de rentas o no conocen los entresijos del Código Penal, las madres de familias numerosas y las madres solteras, los habitantes del Tercer Mundo, los dolientes, los moribundos....

Un breve análisis de las realidades externas a la organización que inciden sobre sus componentes, de esos elementos socio-culturales que influyen en cada uno de sus miembros, nos sirve para comprender el entorno organizativo.

En primer lugar tenemos la ausencia de una educación ético-moral en el período de formación total. No solamente en el proceso escolarizado de educación, sino también en la formación recibida a través del ejemplo familiar y el bombardeo de los medios de comunicación, que se han convertido en cierta forma en el sustituto del ambiente familiar.

Uno de los ejemplos más dramáticos de nuestra experiencia personal radica en una anécdota real: en cierta ocasión, discutiendo con el Director de una unidad docente de nivel superior un programa de formación en una rama especializada de la administración, insinué que sería conveniente incorporar como materia obligatoria un curso sobre ética de la función pública. La respuesta, que me sorprendió por su rapidez, fue que cada profesor debería incorporar este elemento en su respectivo curso. No deseaba comprometerse, era evidente.

Esta ausencia, querámoslo o no, va minando las próximas generaciones de funcionarios públicos y empresarios privados.

Otro elemento que influye en forma poderosa es el mensaje que de manera continua envían los medios de comunicación masiva a través de las más diversas formas. En el afán de capturar un número cada vez mayor de clientes, los periódicos, la radio y la televisión, la producción cinematográfica y su heredero: los audiovisuales, ejercen un culto a esa ausencia de ética y moral a través de la presentación cruda de las más abyectas formas de inmoralidad personal y de comportamiento antiético a nivel individual y colectivo.

A ello se suma un nivel de influencia menor de patrones religiosos debilitados, que es una de las características más evidentes de nuestra actual cultura en transición. Como consecuencia de la eclosión del avance de la ciencia, el debilitamiento de los programas educativos de amplia cobertura social, la desintegración de los valores familiares y el culto al consumo desmedido, además de la corrupción de los mismos representantes de los diversos cultos, las religiones se han ido debilitando en el sentido de ejercer su "influencia represora" de los bajos instintos humanos.

Es importante, pues, destacar que el consumismo, el materialismo y la inconsistencia de valores trascendentales han ido minando la vida cotidiana. A ello se vincula otro elemento: el debilitamiento de los paradigmas ideológicos de referencia, pues ya no vivimos en medio de grandes revoluciones ideológicas, sino que nuestra principal preocupación es elevar el nivel personal de calidad de vida y el goce de la mayor cantidad de bienes materiales, a costa de cualquier sacrificio propio o de los demás.

Es evidente, entonces, que las secuelas de las revoluciones culturales experimentadas en el Siglo XX, en vez de impulsarnos hacia una actuación personal y social más solidaria nos empujan hacia un individualismo alienado y alienante, hacia un comportamiento cosmético en lo ético y lo moral, por la ausencia de referentes tradicionales. Referentes que, buenos o malos, señalaban ciertos valores de honestidad, de compromiso social y de ética del desempeño individual y colectivo.

Todo ello flota sutilmente en el consciente, el subconsciente y el inconsciente de los individuos que conforman las organizaciones, y a ello obedece el que su comportamiento se vea -a nivel individual y organizativo- desafectado por valores sólidos que normen la conducta personal e institucional. En otras palabras: la cultura organizativa se va despojando de los elementos éticos que deberían regirla.

Si aceptamos, finalmente, que la cultura organizacional es una herramienta eficaz para la interpretación de la vida y el comportamiento organizacionales y para la comprensión de los procesos de decadencia, adaptación y cambio radical en las organizaciones, ya que éstas son, de manera ejemplar, a la vez creaciones sociales y creadoras de significados, la cultura organizacional tendrá o no tendrá unas manifestaciones éticas propias, condicionadas por los mismos factores que se señalan para su creación como fenómeno organizativo. Y esta ética se manifestará en el comportamiento endoestructural y en el exoestructural, en el individual y el institucional, y como tal podría ser analizado a través de metodologías y técnicas adaptadas para ello.

Las manifestaciones conductuales de la organización ofrecen una extensa gama de áreas, campos y aspectos susceptibles de análisis, a fin de determinar si dicho comportamiento se manifiesta conforme a unas normas éticas de conducta. Desde el punto de vista metodológico, la primera pregunta debería orientarse hacia el establecimiento de dichas normas éticas. ¿Qué consideraremos un comportamiento ético a nivel organizativo y qué a nivel individual? Este referente es indispensable para su análisis, pues en él se basa la apreciación cualitativa de la cultura y sus manifestaciones conductuales. La segunda tiene que ver con la clasificación de sus efectos y sus manifestaciones endo y exoestructurales, con base en los supuestos y los valores fundamentales que designarían sus características básicas y los contrastes encontrables. La tercera, con el instrumental técnico que se utilizaría para la obtención, análisis, clasificación e interpretación de la información obtenible a través de la aplicación de dichos instrumentos

Tenemos aquí, pues, un interesante campo de estudio para valorar el comportamiento de las organizaciones, públicas y privadas, en un momento histórico importante, cuando los efectos de las corrientes filosófico-políticas y económicas imperantes, al parecer se distancian cada vez más de los imperativos éticos de la conducta individual y organizacional.

Estamos en un momento de transición importante en la vida del país. Luego de un período en que la ética ha estado ausente del ejercicio de la función pública y ha sido notoria la falta de ella en los gobernantes, guiados por una corriente de pensamiento, la neoliberal, en la cual el relativismo ético es una de sus características más importantes, se inicia un nuevo período de gobierno en el que los ciudadanos cifran una serie de esperanzas, basados en el hecho de quien gobernará es una mujer, y se piensa que el comportamiento femenino es por lo genera más apegado a los principios éticos que el masculino, aunque la experiencia demuestra que cuando una mujer es corrupta lo es más que cualquier hombre.

Hay que devolver la ética de la conducta en el desempeño de los funcionarios públicos (a los empresarios sería pedirles demasiado) y de las organizaciones públicas. Y este es un mensaje que le enviamos al nuevo gobierno.

 

 

Alfonso J. Palacios Echeverría
Lea más en la columna de Alfonso:
Gotas Amargas - El Pregón.org

 

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Ultima actualización ( Miércoles 01 de Junio de 2011 03:18 )  

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