La ausencia de conocimientos históricos es la base de la cadena de errores conceptuales y de actuación del presente. Es una barbaridad lo que se está haciendo con nuestros hijos en cuanto a educación se refiere, cuando sus padres nos estamos planteando continuamente alternativas a lo que nos han enseñado, porque no acabamos de aceptarlo, a ellos les estamos enseñando a no reflexionar, a asumir una exclusiva forma de conocer, y no ejercer su derecho a buscar nuevas alternativas.
Les estamos educando en la irreflexión y el conocimiento único, cuando lo que deberÃamos hacer es preguntarles para escuchar sus respuestas sin juzgar sus resultados, sino sólo su esfuerzo por alcanzarlos.
Lamentablemente, considero que la educación que se imparte actualmente en los paÃses occidentales es una forma de religión encubierta que mantiene el mundo tal como está, coherente con la llamada globalización que vivimos, que hace proselitismo entre los más vulnerables, para sobrevivir a su costa el resto de sus dÃas. No es de extrañar que muchos suspendan, y lo que es peor, pierdan todo interés por el conocimiento.
Según una encuesta encargada por la asociación de beneficencia para veteranos de guerra británicos, uno de cada veinte chicos de primaria en Gran Bretaña cree que Adolf Hitler fue un entrenador de fútbol alemán, y que el Holocausto fue una ceremonia para conmemorar el fin de la guerra. Además, uno de cada seis piensa que el campo de exterminio de Auschwitz fue un parque temático y uno de cada doce piensa que Blitz (el constante bombardeo de la Alemania nazi sobre el Reino Unido) era una operación de limpieza realizada tras la guerra. Los alumnos "confundidos" en esta encuesta -basada en preguntas sobre las dos guerras mundiales a 2.000 niños de entre 9 y 15 años- no son tantos, pero los errores causaron alarma. Erskine solicitó un plan nacional urgente para enseñarles historia a los pequeños británicos.
El caso anterior, aunque tiene que ver con niños, no deja de alarmar, pues lo mismo sucede actualmente en los más diversos campos, y no en la proporción de uno a veinte, sino mucho mayor. Voy a poner algunos ejemplos.
El primero es creer que la "globalización" comercial, financiera e incluso cultural es cosa de los tiempos modernos. Nada más fuera de la realidad. La llamada globalización de que tanto nos ufanamos en el presente, ha sido una tónica común desde hace más o menos tres mil años, dándose de manera orgánica durante el imperio romano.
En los tiempos de Augusto César, al inicio de la decadencia del Imperio Romano, una red de magnÃficas calzadas unÃa las frÃas fronteras de Escocia con los desiertos de Arabia, y en ella se desenvolvÃa un intenso tráfico, como el mundo no habÃa conocido hasta entonces. Las provincias occidentales proporcionaban productos agrÃcolas y materias primas a las orientales, que poseÃan industrias florecientes. Eran el vino y el aceite de Provenza, los minerales de Hispania, el cuero, la lana y las maderas de la Galia, que salÃan hacia Damasco, Antioquia y AlejandrÃa para volver en forma de tejidos, alfombras, perfumes, cosméticos, vidrio, armas y utensilios domésticos. La distribución de estos productos, es decir, el comercio, estaba prácticamente en manos de los sirios, que en cierto sentido fueron los «intermediarios» de la época y, en pequeños grupos muy bien relacionados entre sÃ, habÃan invadido Occidente. Los griegos y los egipcios proporcionaban, por su parte, el nervio de la intelligentsia y de las profesiones liberales. Con el tiempo, esta división del trabajo entre el este y el oeste se habÃa alterado en parte, dado que también Occidente habÃa empezado a desarrollar una industria propia. Los grandes latifundistas, sobre todo en el MediodÃa de Francia y en el valle del Rin, pensaron en invertir en manufacturas las enormes riquezas que habÃan acumulado.
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La intensidad del tráfico y la unidad de la moneda, basada en el denario de oro que gozaba del mismo crédito en todas partes, desde Portugal a Crimea, contribuyeron poderosamente a la nivelación de las diversas provincias. Y como en todas partes reinaba la ley romana, los usos y costumbres iban haciéndose más o menos iguales. En muchos paÃses, el idioma vernáculo -o mejor, el dialecto- habÃa desaparecido en el uso diario para dejar paso al latÃn en Occidente y el griego en Oriente. El centralismo romano habÃa triunfado sobre las resistencias locales, y Caracalla, al conceder el año 212 la plena ciudadanÃa a casi todos los habitantes del Imperio, no regalaba nada, sino que se limitaba a reconocer una situación de hecho.
¿Qué les parece? ¿No es similar a lo presente?
Hoy tenemos a nivel mundial (de la forma que hace dos mil años en el occidente ése era el nivel mundial: el imperio romano) una red de magnÃficos sistemas de comunicación por tierra, mar y aire a través de los cuales se desarrolla un inmenso tráfico comercial; unos paÃses proporcionan materias primas y otros con sus industrias las convierten en productos manufacturados; la distribución de los productos está en manos de unos pocos intermediarios (grandes empresas transnacionales); los paÃses industrializados generan la "intelligentsia", y los paÃses periféricos productores de materias primas empiezan a tomar medidas para transformarlos en productos terminados, a través de una industrialización y tecnificación creciente. Existe prácticamente una moneda única, el dólar norteamericano, los usos y las costumbres a nivel mundial se están homogenizando, y la nacionalidad hoy no tiene tanta importancia como antes.
En conclusión, nada es tan diferente. Entonces ¿dónde está lo especial que tanto ensalzan los actuales beneficiados con esta situación, cuál es o cuáles son las caracterÃsticas que distancian una de la otra?
La primera de ella es que ésta el producto de una filosofÃa polÃtica y económica, que a su vez forma parte de las oscilaciones de pensamiento que cÃclicamente se dan en la humanidad, por la ley del péndulo; la segunda que está acompañada de un elemento que acelera sus efectos y resultados: la tecnologÃa, y especialmente la tecnologÃa de las comunicaciones; la tercera tiene que ver con lo volúmenes y complejidad de los productos que intercambian las redes del comercio mundial y la existencia de una serie de regulaciones que se aplican a él como consecuencia de la creación de autoridades supranacionales.
Otro de los temas que la casi totalidad de las personas ignora se relaciona con el origen de la mitologÃa cristiana. Es decir, con la enorme cantidad de sÃmbolos que constituyen la estructura de lo que hoy se conoce como la religión cristiana, y que provienen de otras creencias mucho más antiguas.
Es sabido que el cristianismo asimiló rápidamente simbolismos judÃos y paganos que incorporó a su propia tradición. La presencia significativa de sÃmbolos y elementos culturales solares o de estructura mistérica en el cristianismo es tan significativa que esto ha animado, incluso, a algunos eruditos a poner en duda la historicidad de Jesús. Estas tesis en vez de postular un personaje histórico cuya biografÃa se transformó en un mito, sostienen que por el contrario, lo primero fue el mito y éste, luego, fue historiado imperfectamente por las primeras generaciones de cristianos.
Existen en el cristianismo numerosos elementos provenientes de otras tradiciones, se conservan por ejemplo, los elementos gnósticos presentes en el Evangelio de San Juan y en las EpÃstolas de San Pablo y también en algunos otros escritos primitivos. El gnosticismo fue perseguido por la creciente jerarquÃa eclesiástica de los primeros siglos, pero no por ello erradicada su influencia, es asà que en la Edad Media, los mitos gnósticos reaparecerán algo transformados en la literatura escrita y oral.
El judaÃsmo, por su parte, le proporcionó al cristianismo de un método alegórico para la interpretación de las escrituras, además del modelo de historización, que se hace evidente en las festividades. También se "cristianizaron" los sÃmbolos, los ritos, los mitos asiáticos y mediterráneos, sincretizándolos con la historia sagrada, que surgÃa del Antiguo Testamento e incorporaba ahora al Nuevo Testamento, la prédica de los apóstoles y más tarde, la vida de los Santos.
Existen pues, sÃmbolos cósmicos presentes en la historia sagrada de la cristiandad: el agua, el árbol, la viña, el arado, el barco, etc. SÃmbolos que ya habÃan sido asimilados por el judaÃsmo y que se integraron al cristianismo al recibir un tratamiento sacramental. Las divinidades paganas, fueron asimiladas también por la religión cristiana: dioses o héroes matadores de dragones se transformaron en San Jorge, los dioses de la tormenta se transformaron en San ElÃas y las numerosas diosas de la fertilidad se sincretizaron con la Virgen MarÃa o las santas. En efecto, gran parte de la religiosidad europea precristiana, ha sobrevivido bajo las máscaras de las divinidades católicas y las fiestas del calendario. De hecho la Diosa Isis serÃa la antecesora inmediata de la figura de MarÃa como objeto de culto.
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Durante la Edad Media aparecen numerosas manifestaciones del pensamiento mÃtico. Todas las clases sociales se atribuyen tradiciones mitológicas propias. La caballerÃa, los oficios, los clérigos, los campesinos adoptan "mitos de origen" de su condición o vocación, en función de los cuales se esfuerzan por imitar un modelo ejemplar. No es posible delimitar las fuentes de estas mitologÃas, puesto que son variadas. Por ejemplo, en el caso particular de la saga arturiana y el tema del graal de la mitologÃa celta; bajo una máscara cristiana, subyacen antiguas creencias celtas, especialmente vinculadas al Otro Mundo. Y asÃ, los caballeros querrán rivalizar con Lancelot o Parsifal y los trovadores crean una mitologÃa de la Mujer y del Amor, utilizando elementos cristianos, pero yendo más allá de las doctrinas de la Iglesia.
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Las religiones ya evolucionadas hace unos dos mil años o más pretendÃan, en primer lugar, hacer que las almas hallasen de nuevo su perdida pureza, y esto de dos modos, ya sean mediante las ceremonias rituales, o bien por las mortificaciones y penitencias. ConocÃan en primer lugar una serie de abluciones que suponÃa que eran capaces de devolver a miles su pretendida inocencia. DebÃa el creyente, o bien lavarse con agua consagrada de acuerdo con determinadas formulas prescritas -se trata en realidad de un rito mágico, la limpieza del cuerpo actúa por simpatÃa sobre el espÃritu interior, es una autentica desinfección espiritual-: o bien se le rociaba o absorbÃa la sangre de una vÃctima degollada por los propios sacerdotes, y de aquà viene la idea de que el licor que fluye en nuestras venas es el principio de la vida capaz de comunicar una nueva existencia. En efecto, estos ritos y otros análogos utilizados en los misterios tenÃan, según se creÃa, el efecto de regenerar al iniciado y hacerlo renacer a una vida inmaculada e incorruptible. Este es el origen del bautismo cristiano.
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La purificación del alma no se obtenÃa solamente por actos litúrgicos, también se llegaba a ella mediante el renunciamiento y el sufrimiento. El sentido de la palabra expiatio cambió: la expiación ya no se adquiere más mediante el exacto cumplimiento de determinadas ceremonias agradables a los dioses y exigidas por un código sagrado, del mismo modo que se impone una multa para reparar el daño, sino mediante una privación o un dolor personales. La abstinencia que impide a los funestos principios introducirse en nosotros con el alimento, y la continencia, que preserva al hombre de toda contaminación y de toda debilidad, se han convertido en los medios de librarse del dominio de los poderes del mal y de conseguir la gracia para con el cielo. Las maceraciones, las peregrinaciones dolorosas y las confesiones públicas, e incluso a veces las flagelaciones y las mutilaciones, todas las formas de la penitencia y de la mortificación, levantan al hombre y lo aproximan a los dioses.
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Pero a partir de ahora, si hay en este mundo actos impÃos y pasiones impuras que contaminan y profanan las almas, y si éstas no pueden libarse de esta infección más que mediante determinadas expiaciones, será preciso que se conozca la profundidad de la falta, asà como las necesidades penitenciarias. Y será al clero a quien corresponda juzgar las faltas e imponer las penitencias. El sacerdocio adquiere pues un carácter muy diferente al que poseÃa en Roma. El sacerdote ya no es solamente un guardián de las tradiciones sagradas, el intermediario entre el hombre o el estado y los dioses, sino un director espiritual. Enseñará a sus ovejas la larga serie de prohibiciones que deben proteger su fragilidad contra los ataques de los espÃritus maléficos.
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Sabrá apaciguar los remordimientos y los escrúpulos y devolver al pecador su paz espiritual. Como se ha insistido en la ciencia sagrada, posee el poder de reconciliarse con los dioses. Las comidas sagradas, frecuentemente practicadas, mantenÃan la comunicación entre los mistes de Cibeles o Mitra, mientras que un servicio religioso cotidiano reavivaba sin cesar la fe de los fieles de Isis. El clero se hallaba plenamente absorbido por su ministerio, vive únicamente para y de su templo. Ya no se constituye, igual que el Roma, en colegios sacerdotales, y que eran comisiones que regulaban los asuntos del Estado bajo la vigilancia del Senado, sino que forma una casta casi recluida, que se distingue por sus hábitos y costumbres; constituye un cuerpo propio, con su jerarquÃa, su protocolo, e incluso sus concilios.
¿Qué les parece? ¿No es similar a lo presente? Creo que no se requieren demasiados comentarios.
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Alfonso J. Palacios EcheverrÃa
Lea más en la columna de Alfonso:
Gotas Amargas - El Pregón.org
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escrito por juan ceba, October 11, 2010
escrito por mentasis, October 30, 2011
esto es un cochinada de
rrrrrrrrrrrrrrrr...
escrito por mentasis, October 30, 2011
escrito por authentic designer handbags, February 08, 2012
escrito por Mens Christian Louboutin, February 22, 2012
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