Una de las incógnitas más recurrentes en la interpretación del comportamiento de los seres humanos tiene que ver con la manipulación de sÃmbolos en las comunicaciones en todos los campos del conocimiento, las artes y las creencias religiosas. Nos referimos a la utilización de un sistema de métodos de acción psicosocial, que generalmente cuenta con el apoyo de los medios de difusión masiva, como la televisión, la radio, prensa escrita y actualmente la electrónica, para propagar y consolidar una ideologÃa dominante, para inducir la aceptación acrÃtica y conformista de valores y conductas que ella propugna, o para acatar sin reparos las decisiones de las estructuras de poder.
Es decir, estamos haciendo referencia a la manipulación que se utiliza como instrumento, cargada de sÃmbolos de fácil comprensión para quienes son sus vÃctimas.
Esta manipulación se encuentra al orden del dÃa en todo momento, pues, sin ella las clases dominantes difÃcilmente podrÃan afirmar su dominación. En varias ocasiones se ha dicho que para el ejercicio del poder polÃtico, las clases dominantes acuden a los métodos coercitivos (represivos) y los cohesitivos (no represivos). Es asà como logran convencer a sectores de la sociedad de las "bondades" del sistema, de medidas como -por ejemplo- las inspiradas en el neoliberalismo, el socialismo, el libre comercio y de la necesidad de insertarse en la competencia del mundo globalizado, de la creación de barreras proteccionistas, etc., es decir los gana ideológicamente, manipula su conciencia.
Es asà pues que si la polÃtica como las religiones, son en última instancia un fenómeno de instigación, tienen siempre que ver con los diversos modos que los seres humanos emplean para influir en el comportamiento de otros. Las formas puras de influencia son cuatro: el poder (con recurso final a la fuerza); el control social (que supone normas de conducta aceptadas); la fascinación (que es un ascendiente por sugestión) y la manipulación.
La manipulación se caracteriza por ser oculta (los manipuladores tratan de que los manipulados no se den cuenta de las presiones que reciben). Es, por lo tanto, ilegÃtima y no usa sanciones. Los desarrollos de las ciencias han ampliado mucho, en sus aplicaciones técnicas, las posibilidades de manipulación, entendida como creación deliberada en otros (sin que ellos lo adviertan) de predisposiciones a recibir y aceptar ciertos mensajes y no otros, o a reaccionar de determinadas maneras ante los estÃmulos que les son proporcionados.
Las religiones, indefectiblemente, han sido creación de los seres humanos. De la misma forma que son creaciones humanas las concepciones filosóficas, y los andamiajes intelectuales que sustentan las concepciones polÃticas, las interpretaciones del comportamiento económico y el comportamiento social. Y no precisamente han sido creaciones de los más cultos, de más amplios criterios y de los carentes de fanatismos e intereses creados. Más bien son, como en el caso de las religiones, de fanáticos cuasi ignorantes, agobiados por graves problemas sicológicos no resueltos, los cuales transmitieron a los dogmas que sustentas estas creencias, asà como a ritos y ceremonias absurdas, llenas de simbolismos esotéricos, animalismos evidentes e irracionalidades absurdas.
Los ritos y ceremonias, fueron creados para transmitir ideas a las mentes más débiles con facilidad, de la misma manera que la iconografÃa ha sido utilizada para ello desde siempre, y han cumplido eficientemente su papel de transmitir señales que de alguna forma siempre arrastran algún elemento de misterio, indispensable para el sojuzgamiento de las mentes de los ignorantes y los débiles mentales. Es la utilización del sÃmbolo como medio eficiente de comunicación.
El sÃmbolo es una clase de signo que tiene un poder de expresión en parte contenido en su misma naturaleza y en parte dependiente de la libre imaginación del hombre. La palabra sÃmbolo viene del griego, del verbo symballesthai que significa reunir, juntar, asociar. Se llamaban sÃmbolos los dos trozos de una misma pieza, vasija, etc., de barro o de metal, que se partÃan entre dos amigos y que venÃan a ser el testimonio de una amistad que habÃa de durar mientras duraran los dos trozos partidos en poder de ellos. La adecuada superposición de esos dos trozos testimoniaba la unidad existente entre los que los poseÃan. La idea de sÃmbolo implica, asÃ, recomposición, reconocimiento, presencia de algo distinto a la simple apariencia. El sÃmbolo es posible supuesta la capacidad cognoscitiva del hombre junto con su poder inductivo, deductivo, intuitivo e imaginativo.
Como santo y seña, el sÃmbolo era la palabra clave con que se daban a conocer los miembros de una sociedad. Ya con los pitagóricos estos sÃmbolos eran como consignas que en fórmulas abreviadas expresaban para los iniciados las verdades que salvaban. Los sÃmbolos eran de uso común en los cultos mistéricos. En los estoicos, el sÃmbolo viene a ser la interpretación común de los mitos; entonces un hecho o relato mitológico es un sÃmbolo de una verdad filosófica o teológica, en parte oculta o difÃcil. Asà simbólico viene a ser sinónimo de alegórico, y en este sentido hay que entender la exégesis de Filón, y en gran parte la de los autores de la escuela alejandrina.
En relación con este uso de la palabra sÃmbolo está el llamar asà al Credo, sÃmbolo de la fe católica, fórmula que resume y contiene todo lo que hay que creer en la Iglesia (aunque aquà ya no se trata de alegorÃas, mitos ni hechos mitológicos, sino de hechos considerados históricos y de lo que consideran verdades religiosas expresados en una determinada fórmula).
Vemos, pues que los seres humanos se comunican entre sà los pensamientos, conocimientos, afectos, sentimientos, etc., por medio de toda clase de signos y sÃmbolos: signos lingüÃsticos o palabras, gestos como el estrecharse las manos u otra clase de saludos, regalos, dones, etc. Con todo ello se manifiesta una persona a otra, y se une a ella, o se separa. Sin embargo, el trato y comunicación entre los seres humanos no se reduce a un manejo o donación mutuos de sÃmbolos, aunque éstos sean frecuentes y necesarios.
Existe un gran número de personas que no profesan ningún partidismo religioso y/o polÃtico y nada tienen contra las religiones en general o particular. No intentan comprobar o desmentir la existencia de Dios como asà tampoco intentan inclinar el pensamiento de otras personas hacia una u otra posición con respecto al tema.
Cada quien es libre de profesar la ideologÃa que quiera, siempre y cuando esto no afecte negativamente a otras personas y la fe es un bien personal único e indelegable. Más allá de la existencia comprobable o no de un Dios o varios, la religión no es una Doctrina Divina.
La historia del Egipto Antiguo da marcadas pruebas de que la religión tiene un propósito que va más allá de la búsqueda del hombre a su creador. Incluso va más allá de tan solo responder la pregunta universal: ¿Por qué? Los faraones egipcios eran considerados dioses en la tierra y tenÃan absoluto poder. Dadas las caracterÃsticas de la humanidad, no es de extrañar, que alguien con atributos de Ãndole divinos, utilice su poder para someter y dominar a las masas, y que mejor forma de hacerlo sino a través de la fe.
El ejemplo más concluyente es el del faraón Amenofis IV, quien impuso arbitrariamente un cambio en el culto egipcio, destituyendo a los dioses de su religión politeÃsta, para darle paso a la primera doctrina monoteÃsta, donde su único dios era el creador máximo del universo y tras cambiar su nombre Amenofis IV por Akhenaton, se auto proclamó representante e hijo del nuevo Dios Atón. Esto, naturalmente molestó a los sacerdotes de la vieja doctrina y tras la muerte de Akhenaton y su esposa NefertÃti, forzaron el regreso de la vieja creencia. Y muchas de las razones de esta molestia no tenÃa que ver precisamente por la creencia de uno o varios dioses, sino por la pérdida de poder e influencia de la casta sacerdotal. Y la simbologÃa egipcia es de las más ricas en la historia del occidente.
Más tarde, de los israelÃes surgió el cristianismo. Pero el cristianismo, ahora sà con pruebas concretas en la misma biblia, sabemos que conserva mucho de la doctrina judÃa y que Jesús, por proclamarse el MesÃas y por sus ataques constantes al régimen, fue a los judÃos lo que Akhenaton a los sacerdotes ortodoxos egipcios.
Una de las más fuertes imágenes impuestas por la religión tanto judÃa como cristiana es la existencia de un opuesto a dios, representante del mal y causante de la separación del hombre y su creador. Pero ésta contra deidad conocida con diversos nombres como Satanás, Demonio o Diablo es inculcado como el verdugo, castigando a aquellos que no respeten la voluntad de Dios, lo que significa que, u obedeces lo que te digo o te quemarás en el fuego del infierno. (Irónicamente, Satán es enemigo de Dios, pero colabora en su propósito)
A esta altura de la lectura, ya habrán adivinado hacia dónde llega la conclusión. Y están en lo correcto.
Las doctrinas religiosas, sin importar de donde provienen en realidad, tienen en común dominar la acción de las masas mediante el miedo al castigo. Es propio de las leyes imponer respeto, no por su convincente enseñanza, sino por la imposición de represalias. Si robas, iras preso. Si pecas, arderás en el infierno.
Es por esto que la religión no es una doctrina divina, sino un mecanismo antiquÃsimo de manipulación social. Si bien la fe de los creyentes no puede ser medida ni puesta en tela de juicio ya que la mayorÃa de las veces es una devoción sana y hasta conmovedora, las instituciones religiosas -no sé si absolutamente todas, pero si las más poderosas- se han valido de las doctrinas para mantener a las masas dominadas mediante el miedo al castigo de Dios o de su opuesto satánico según sea el caso. Y para ello se han utilizado toda clase de sÃmbolos, conforme la "audiencia" hacia donde vaya dirigida el mensaje, siendo asà que la simbologÃa es más intensa cuando el nivel intelectual y de conocimientos es menor.
Uno de los más grandes problemas que tiene la gente para detectar cuándo se trata de un grupo religioso abusivo, es que normalmente, cuando se trata especÃficamente de grupos que se dicen "cristianos o católicos", pues todo el aparato está cobijado bajo el halo de lo "espiritual"; luego entonces cualquier investigación acerca de estos grupos se trata de interpretar de manera religiosa sufre de dos males: 1) El creyente está vetado para cuestionar a sus lÃderes acerca de la enseñanza (se le prohÃbe preguntar) o se crea el mito de la infalibilidad y 2) El asunto se reduce a medio-pensar si estos hombres serán o no de verdad "elegidos especiales", "puestos" por Dios. Poco o nada se investiga el hecho de si esas personas son genuinos servidores de Dios, o se trata sólo sociópatas oportunistas que usurpan el lugar de un pastor o lÃder con el puro propósito de obtener beneficios personales. Muy poco o nada se sabÃa de este tipo de personas, hasta tiempos bien recientes en los que estudios cientÃficos serios han puesto al desnudo a esta clase de sujetos. En las iglesias existen muchos sacerdotes, lÃderes y pastores que tampoco se interesan ni por la vida espiritual ni por milagro alguno, sino simplemente de ejercer dominio y manipular a sus seguidores para el logro de sus intereses espurios.
Actualmente, muchos médicos, psicólogos clÃnicos y sociólogos, utilizan ciertos criterios como referencia para identificar si un grupo religioso o de otra Ãndole, instrumenta medidas coercitivas para manipular la conducta de sus adeptos a través de una estrategia graduada de "reforma de pensamiento". La utilización de estas técnicas de coerción psicológica -plagada de sÃmbolos- constituye para muchos especialistas, hoy en dÃa, el criterio clave para llamar secta a una determinada agrupación.
Entre estos mecanismos se encuentra el control de la atmósfera social y de la comunicación humana. Esto implica coartar la comunicación entre los seres humanos a los que se desea controlar. Incluye obstaculizar la comunicación del individuo consigo mismo. La manipulación mÃstica. Se construyen premeditadamente atmósferas "espirituales" que parecen espontáneas, pero que en realidad son artificiales y están planeadas y estudiadas para producir un efecto. La gente interpreta este efecto como una "experiencia espiritual"., cuando en realidad no es más que el sucumbir al efecto de los sÃmbolos que se utilizan para ello.
Redefinir el lenguaje. Controlar las palabras sirve para controlar las ideas de las personas. Se adoctrina con conceptos simplistas. Por ejemplo, clichés que tienden a desalentar más que alentar el uso de la razón. Por ejemplo: No puedes leer libros a excepción de la Biblia, en el caso de las sectas cristianas, o no puedes leer los libros prohibidos por la Santa Sede, en el caso de los católicos, no preguntes, sólo escucha y obedece. Y lo más aterrador: "La Biblia dice que la mucha sabidurÃa trae dolor, por lo tanto no trates de aprender demasiado..."; "La Biblia se opone a la razón... Dios sólo requiere de nuestra fe"; "Sólo el pastor o el sacerdote puede entender lo que sucede al interior de nuestra iglesia". Todo lo cual, naturalmente, es falso.
Es asà pues que la doctrina es más importante que la persona. No importa lo que un ser humano esté experimentando en la realidad, la creencia en el dogma es lo más importante; lo que el pastor o sacerdote enseña desde el púlpito está por encima de cualquier interés o integridad de la persona. La creencia del grupo rebasa la conciencia individual y la misma integridad, en cuanto a comprobar resultados. Lo que el representante de la iglesia dice es incuestionable y tiene un carácter de Doctrina con el absoluto, como si se tratara de un apartado cientÃfico y moral. El dogma es incuestionable. La persona que habla, como lo hace con la Biblia o el Evangelio en la mano, no puede fallar; su palabra es "infalible" y se debe acatar sin preguntar, razonar, examinar.
Otra de las caracterÃsticas de las religiones es la demanda de una pureza inalcanzable. Se fijan un estándar inalcanzable de perfección para crear culpabilidad y vergüenza en los adeptos. Se les exige una vida moral intachable; a las enseñanzas bÃblicas se les añaden reglas legaloides imposibles de cumplir y que hacen que la persona viva en constante estrés por no poder alcanzar sus "objetivos". Por otro lado, se crea una constante y enferma dependencia del sacerdote o pastor, porque éste proclama que "él sà ha alcanzado de pureza" espiritual. La gente es castigada y enseñada a auto-castigarse por no llegar a un ideal que de inicio es imposible alcanzar.
Como puede concluirse, y no hay que ser demasiado culto para ello, la manipulación es evidente y se utiliza la simbologÃa religiosa como un instrumento eficacÃsimo. Hasta el extremo de que puede un sacerdote o un miembro de la jerarquÃa de una iglesia lanzar un anatema hacia quienes libremente decidan votar en unas elecciones por determinados candidatos, argumentando razones seudoreligiosas, como en el caso de las pasadas elecciones; o guiar a grandes masas de electores para que voten por los candidatos de partidos polÃticos autodenominados "cristianos", para llevar a la Asamblea Legislativa representantes que, durante ya varios perÃodos, se han comportando igual o peor que sus compañeros de otros partidos, pero con el agravante de que traicionan absoluta y totalmente los principios sobre los que supuestamente fundan su propuesta polÃtica y, lo que es peor, la moralidad de su comportamiento.
Un politólogo y columnista salvadoreño, Luis Armando González, señala que hay cosas que son ciertamente perversas, y una de ellas es la manipulación religiosa. Y es que, independientemente, que se crea o no en los dogmas de una fe particular, lo religioso tiene que ver, además del misterio que las justifica, con convicciones profundas de las personas que creen en ese misterio.
De ahà la enorme responsabilidad pública --además de otras responsabilidades más trascendentes- de quienes están investidos de alguna autoridad religiosa. Desde un punto de vista secular, no tienen nada especial, más que su formación intelectual --si es que tienen alguna-, y por lo tanto deberÃan ser tratados y juzgados con los mismos criterios que se usan para juzgar y tratar a cualquier otra persona.
Obviamente, no es asà en todas las circunstancias. De hecho, hay situaciones en las cuales los lÃderes religiosos gozan de protecciones civiles y polÃticas especiales; y si a ello se suma el respeto del que puedan gozar en virtud del peso de lo sagrado/religioso en una sociedad determinada, esos lÃderes religiosos pueden ser vistos (y de hecho son vistos) como personas con un don especial, un don que les permite hablar siempre con la verdad, ser justos, solidarios y buenos.
No cabe duda de que en las distintas iglesias y religiones hay lÃderes que intentan con la mayor honestidad hablar con la verdad, ser justos, solidarios y buenos. Es indiscutible que cometen muchas equivocaciones, pero las mismas son explicables por sus mismas limitaciones humanas y no por un afán consciente de fallarle a la verdad, a la justicia, a la solidaridad o a la bondad.
Sin embargo, hay lÃderes religiosos que con absoluta conciencia traicionan esos valores fundamentales de las religiones más importantes, especialmente del cristianismo. Obran en contra de esos valores, pero los siguen proclamando como lo esencial de su fe y de su práctica. Y miles de personas los ven como portavoces ejemplares de los mismos. Es decir, esas miles de personas son manipuladas con la mayor impunidad por unos lÃderes religiosos que, sabedores del peso social de determinadas creencias, juegan con ellas según su propia conveniencia.... O según conveniencias polÃticas.
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Alfonso J. Palacios EcheverrÃa
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25 mayo | Alfonso Palacios Una de las incógnitas más recurrentes en la interpretación del comportamiento de los seres humanos tiene que ver con la manipulación de sÃmbolos en las...
















