abr 27 | alicia pifarré. Una palabra ha regresado a nuestro vergel bello, algo marchito el pobre por tanto abrojo y tanta piedra entremezclada con sus aromas y flores. Una palabra de antigua hermosura que a menudo muere en medio de estrepitoso silencio. Pero que vuelve, resucita, cuando alma y razón superan las pasiones vanas.
Diálogo, decÃan los primeros filósofos, es pensar, descubrir, construir significados entre todos. Cuando se juntan diálogo y acuerdo la belleza crece. Si añadimos voluntad de cumplimiento y perseverancia, se logra una armonÃa sublime para la convivencia.
Pues bien, parece que el diálogo -palabra, concepto, propuesta, voluntad- ha vuelto a rondar por nuestro vergel. ¡Bienvenido!
SerÃa bueno que el regreso esté acompañado de prudencia y honestidad, de respeto, tolerancia y verdad. Llevamos demasiado tiempo cautivos de palabras tan seductoras como falsas, tan grandilocuentes como hueras. Demasiado tiempo prisioneros de la soberbia, la arrogancia y la discordia.
En el diálogo sincero es posible encontrar objetivos comunes sin abandonar los propios, es posible sentar las bases de una cooperación duradera y hasta es posible dejar sembrada la semilla de la solidaridad, para que germine cuando la necesidad se convierta en súplica, en grito desgarrado.
No, no soy una idealista perdida. Soy realista. O nos sentamos a dialogar y asumimos compromisos con auténtico propósito de cumplimiento o nuestro único futuro previsible es la derrota, individual y colectiva, como seres humanos y como paÃs.
La crisis es mundial, no pasará de largo ni será breve. No la superaremos atrincherados en ideologÃas miopes y en egoÃsmos suicidas. Es necesario volver a escuchar.
Patronos y trabajadores, productores y consumidores, maestros y estudiantes, proveedores y clientes, pueblo y gobierno, laicos y religiosos, padres e hijos, ricos y pobres y amas de casa y pensionados, en una palabra TODOS, tendremos que sentarnos a dialogar para encontrar soluciones equitativas, justas, razonables, realistas, plausibles, duraderas. Y cuando las soluciones no alcancen, tendremos que atender con desprendimiento y compasión a quienes sufren más que nosotros.
Solamente asà superaremos la crisis. No es solo financiera. No es solo económica. Es de humanidad. Es una crisis del espÃritu la que nos ha llevado a la incertidumbre que vivimos hoy. El espÃritu reclama la reflexión, que siempre es solitaria. Pero no vivimos aislados. Por ello, de la reflexión es necesario pasar al diálogo, artÃfice de la convivencia. Solamente asÃ, entre todos, superaremos la crisis.
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Alicia Pifarré Pan
Más artÃculos en su columna: Palabras sin antifaz
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