Quien cree en Dios, obedece sus mandamientos por convicción, porque ha aceptado el don de la fe, porque racionalmente reconoce que la ciencia no es capaz de explicarlo todo, porque intuye la existencia de otra vida luego de esta y por tantas razones más como seres humanos existen.
Quien no cree en Dios, no puede ser obligado a creer por ninguna ley humana. Obligar a un ser humano a creer o a practicar un culto determinado es un acto contrario a la voluntad de Dios aunque los fundamentalistas religiosos hayan proclamado por siglos que se trata de un acto piadoso. Imponer el mantenimiento de un culto a todos los habitantes de un Estado, es un disparate.
No existe ley humana alguna que nos obligue a ser buenos, caritativos, solidarios, justos. La ley puede establecer como deber jurÃdico la conducta honesta, por ejemplo; pero carece del poder para convertir a un sinvergüenza en persona honesta. El Derecho, como orden social coactivo, podrá imponer una sanción a quien no cumple con el deber ser, pero no podrá cambiar su modo de comportarse, ni sus sentimientos, ni su personalidad. La fe religiosa o la falta de ella no es asunto de leyes humanas, pertenece a la esfera de la libertad.
Derecho y Religión son dos órdenes normativos de la conducta humana distintos, perfectamente identificables por sus caracterÃsticas, sanciones, valores y procedimientos. Asimismo, son diversos aspectos de la conducta humana los que regulan. El deber ser terrenal y el deber ser trascendente tienen sus puntos de encuentro, que son muchos, pero ello no significa que tengan identidad. Cuando se pretende confundirlos, alguna aviesa intención se esconde detrás de tal pretensión. La historia da fiel testimonio de ello.
Constantino, sin ser cristiano, convocó a los obispos al Concilio de Nicea (325 DC), celebrado en el palacio de verano imperial. Necesitaba el emperador de la disciplina cristiana para recomponer su imperio y necesitaban los obispos un emperador que los protegiese. En ese ambiente palaciego nacieron los primeros dogmas y comenzó a distorsionarse la prédica de Jesús de Galilea, cuyo mensaje de amor y de justicia quedó atrapado en una organización de poder.
La Iglesia Católica está defendiendo su cuota de poder en Costa Rica, su inclusión constitucional, bajo la premisa de que todos somos imbéciles o ignorantes. Dice Monseñor Hugo Barrantes que si quitamos a Dios de la Constitución nos quedarÃamos sin referente ético "para luchar contra la corrupción". Confunde ética con religión, Monseñor. No se supone que un arzobispo pueda incurrir en semejante error. Los valores religiosos y los valores éticos están diferenciados desde hace muchos siglos. No es lo mismo ser honesto que ser piadoso y es perfectamente posible ser lo primero sin ser lo segundo.
En cuanto a Dios, que no necesita ni le podrÃa importar menos que los seres humanos lo incluyamos en nuestras imperfectas leyes, solo figura en la Constitución PolÃtica en el juramento constitucional (artÃculo 194). ¿Qué sentido tiene obligar a los funcionarios públicos a jurar por Dios cuando NO es requisito creer en Dios para ser Presidente, Diputado, Magistrado, Ministro y todos los etcéteras que se quieran agregar? Ninguno, a mi juicio. Más bien hay allà una contradicción que debe corregirse.
En todo caso, Dios no necesita estar en ninguna Constitución porque está en todas partes y porque es eterno. Y cumplir los mandamientos de Dios no es cuestión de leyes sino de conciencia. Ninguna ley puede imponer el deber jurÃdico de amar al prójimo. Es más, si ese mandamiento se cumpliera a cabalidad, las leyes humanas no harÃan falta.
En toda esta discusión, anacrónica y absurda, que en nada ayuda a la construcción del Reino de Dios, no puede verse más que el último estertor de una ancestral lucha por el poder. ¿Será que pretenden distraernos con esto mientras se "cocinan" otros asuntos en los que no quieren que fijemos nuestra atención? Debiéramos estar alertas, me parece.
Yo creo en Dios, en el Creador amoroso y misericordioso que nos hizo libres de aceptar el don de la fe. Como creyente, me indigna que estén valiéndose de Dios para propósitos politiqueros y mercantilistas. Jesús echó a los mercaderes del templo y desafió a los polÃticos de su época; también dijo que, al final de los tiempos, se nos preguntará, únicamente, cuánto hemos amado. Y nunca dijo que esa pregunta se harÃa exclusivamente a los católicos.
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No puede el árbol bueno dar frutos malos... Por sus frutos los conocerán. (Mateo 7, 15-20; Lucas 6, 43)
Constitución PolÃtica. ArtÃculos relacionados con esta publicación.
ArtÃculo 11: "Los funcionarios públicos son simples depositarios de la autoridad. Están obligados a cumplir los deberes que la ley les impone y no pueden arrogarse facultades no concedidas en ella. Deben prestar juramento de observar y cumplir esta Constitución y las leyes. ..."
ArtÃculo 75: La Religión Católica, Apostólica, Romana, es la del Estado, el cual contribuye a su mantenimiento, sin impedir el libre ejercicio en la República de otros cultos que no se opongan a la moral universal ni a las buenas costumbres.
ArtÃculo 194: El juramento que deben prestar los funcionarios públicos, según lo dispuesto en el artÃculo 11 de esta Constitución, es el siguiente:
"-¿ Juráis a Dios y prometéis a la Patria, observar y defender la Constitución y las leyes de la República, y cumplir fielmente los deberes de vuestro destino?
-SÃ, juro-.
-Si asà lo hiciereis, Dios os ayude, y si no, El y la Patria os lo demanden ".
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Alicia Pifarré Pan
Más artÃculos en su columna: Palabras sin antifaz
El Pregón.org

escrito por Canada Goose Women's Parka Sale, December 20, 2011
escrito por handbag, April 26, 2012
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set 14 | alicia pifarré. La discusión sobre si Dios debe estar o no en las Constituciones es absurda, estrafalaria y anacrónica. Responde a intereses terrenales, sacraliza al poder para...
















el artic**o esta excelenete. muy bien proporcionado, define la realidad oculta y defiende los derechos de cada persona en cuanto a sus creencias religiosas.
Dios no es de caracter FISICO, no es una persona, por tanto la constitucion tampoco puede basarse en una persona, pues deberia basarse en todos nosotros.
En fin Dios no puede ser parte de una Constitucion y la Iglesia Catolica, no puede ser la unica en definir la constitucion y juramentos.
Gracias por un artic**o tan rico.