Los conflictos con Nicaragua que devienen recurrentes en las últimas décadas hallan su razón de ser en estrategias ideológicas dirigidas al establecimiento de control social. Tanto el gobierno de Nicaragua como el de Costa Rica plantean una clara convocatoria al nacionalismo. Este a su vez se alimenta y encuentra sentido dentro del marco de un referente patológico que opera bajo un efecto especular. La cruel realidad de un pueblo tan pobre como Nicaragua se refleja en la nuestra propia. Nos miramos absortos en medio de una inminente pobreza que se torna tan inminente y amenazante como el odio que somos capaces de desatar contra la población nicaragüense. Los amagos de reivindicación de derechos, materializados en acontecimientos polÃticos significativos como "la huelga de maestros", la lucha contra "el combo ICE" y finalmente la gesta contra el TLC, se han diluido en focos de resistencia canalizados hacia objetivos puntuales como la lucha contra la minerÃa, la que se impulsa en el sur contra las piñeras, la lucha de Sardinal y otros movimientos que no han logrado plasmarse en una respuesta polÃtica cuyos resultados desemboquen en cambios estructurales.
Entre tanto, el estado de incertidumbre y la amenaza de descenso por el empinado camino hacia la pobreza, está garantizando el éxito con el cual la maquinaria ideológica penetra la conciencia vulnerada por obra de polÃticas públicas deficientes y adversas a las posibilidades de despliegue de potencialidades humanas. De manera tal que las semejanzas, por causa de la pobreza y la falta de espacios de resarcimiento y crecimiento personal y colectivo, con nuestro hermano paÃs del norte nos interpelan en el plano de lo subjetivo. De la misma forma que el dolor somático muchas veces impide que la herida sea tratada, a nivel psicosocial se deslegitima al otro amenazante, en este caso el pueblo nicaragüense, mediante estrategias que relacionan su situación de vulnerabilidad social con supuestos efectos que derivan de esta, como la ignorancia y la agresión. De este modo se esconde nuestro propio sÃntoma bajo el enunciado del sÃntoma del otro amenazante.
Por su parte, ambos gobiernos comprometidos en el conflicto obtienen dividendos valiéndose del desasosiego y la angustia, con los cuales el pueblo nicaragüense y el pueblo tico se martirizan. Ortega y su séquito buscan ganar las elecciones para seguir prendidos de un partido que traicionó los principios nobles y sublimes de la Revolución Sandinista. Un partido que convirtió en prostituta a la doncella de la UtopÃa y que ensucia la imagen del enigmático libertador Augusto César Sandino. En el caso de Costa Rica la convocatoria a un falso nacionalismo, convocado por el gobierno, en sintonÃa con el poder mediático, intenta unificar al paÃs en una voz de consenso basada en el odio xenofóbico. Pretenden restituir la credibilidad que perdieron por incapacidad, corrupción e incumplimientos epidémicos. El discurso pacifista, manejado como dogma, contradictoriamente, sirve de pedestal a la bandera de guerra que exige expulsar a los repulsivos nicas. Detrás de los entretelones que separan a nuestra sociedad del gobierno y la institucionalidad se susurran las conspiraciones que orientan el rumbo de nuestro paÃs hacia un estado autoritario. Por eso, el convenio para traer buques militares. De ahà la necesidad de reprimir a sectores y grupos estratégicos, como estudiantes, adolescentes y defensores del ambiente. También debido a ello la presidenta se plantea "enfrentar a grupos ambientalistas radicales".
El espejo del pueblo nicaragüense con toda su pobreza y sufrimiento nos devuelve el horror de nuestra propia miseria. Desnudos y atemorizados ante la imagen del dolor propio adoptamos la xenofobia como una curandera farsante que nos hace decir: "ustedes son lo que nos puede pasar por eso nos negamos a aceptarlos y reconocerlos".
Juan Félix Castro Soto
Psicólogo Social
Cédula: 2-408-068

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11 nov. | Juan Félix Castro Soto. Cuanto más nos parecemos tanto mayor esfuerzo hacemos por diferenciarnos. Lo que nos distancia y nos divide es justo aquello que devela afinidades. El otro se...















